El alumno sufrió para eliminar al maestro

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Roberto Morales

Madrid, 18 abr.- Zinedine Zidane y Carlo Ancelotti, alumno y maestro, la pareja que conquistó la décima Copa de Europa para el madridismo, protagonizaron un bello duelo de fútbol entre amigos, del que salió vencedor el francés pese a la exhibición táctica del italiano.

Fue una imagen que anticipó lo que iba a pasar. Una de esas fotografías que algún fotógrafo que ama el fútbol captó con su teleobjetivo. La final de la Liga de Campeones en Lisboa llegaba a sus últimos minutos y el Real Madrid, fiel a sus valores, luchaba hasta el último segundo del tiempo reglamentario.

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Antes de que llegase la cita con la historia de Sergio Ramos, en la banda se desgañitaba un técnico. No era Ancelotti, que miraba a su derecha con gesto contrariado por las dificultades que ponía el Atlético de Madrid. Las órdenes tácticas las daba Zidane ante la sorpresa de su maestro. En posición tensa, con un escorzo y su mano izquierda señalando la zona donde se debía corregir un detalle clave. Gritando para ser escuchado por uno de sus jugadores.

Zidane tuvo la seguridad de que sería entrenador al lado de Ancelotti. Hasta que se juntaron dos personalidades similares, ejemplos de la buena educación en sus maneras y cómplices siempre de sus futbolistas con una manera cercana de llevar a las estrellas del vestuario, el francés sabía que su nuevo camino tras colgar las botas estaba en el Real Madrid pero no sabía si cerca del presidente, dirigiendo la cantera o tomando las riendas del equipo.

La experiencia fue tan satisfactoria que al año decidió dejar el primer equipo y entrenar al Castilla. Era la antesala a una apuesta firme de Florentino Pérez. El fracaso de Rafa Benítez aceleró el plan de ruta marcado. Y su llegada instaló la felicidad en el Real Madrid. Llegó la Undécima y con récords superados se acerca al objetivo de la Liga mientras llegaba en Europa un Clásico que engrandece el fútbol.

“Tenemos una relación especial. Aprecio mucho a Carletto”, aseguraba Zidane días antes del primer capítulo de dos partidos en los que la pizarra tuvo gran importancia. En el Santiago Bernabéu, con el Bayern obligado a ganar y a marcar como mínimo dos goles, Ancelotti salió a por todas. Un 4-2-3-1 con el que se adueñó del balón, que generó desequilibrio, buscando siempre la superioridad en las bandas y haciendo a sufrir especialmente a Carvajal, sin ayudas en la derecha ante las subidas de Alaba y la presencia de Ribery.

La baja de Gareth Bale cambiaba la idea de Zizou. Del 4-3-3 pasó a un 4-4-2 premiando el momento de Isco Alarcón, con libertad de movimiento en la media punta con un rombo en la medular. El orgullo del Bayern empujó a su terreno al Real Madrid y aparecieron distancias insalvables entre líneas, con Karim Benzema y Cristiano Ronaldo muy alejados de los medios.

Los movimientos de piezas marcaron el duelo entre amigos. Con Zidane intentando estrechar la distancia entre líneas y tener más balón metiendo a Marco Asensio por Benzema. Ancelotti respondiendo con Douglas Costa y obligando a su colega a reforzar la derecha con la entrada de Lucas Vázquez.

La moneda cayó del lado de Zidane gracias a Cristiano Ronaldo. Nunca se vio tan enfadado a Ancelotti con los colegiados, lo mostró ante el cuarto en las decisiones claves como la expulsión de Arturo Vidal o un tanto en fuera de juego del Real Madrid. A la conclusión fue al centro del campo a quejarse al húngaro Viktor Kassai. Antes tuvo tiempo para la felicitación y el largo abrazo con Zizou. EFE.

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